Su diestra

su diestra

Su aparición inaugural sobrevino cuando parecía cerrársele la noche a la esperanza. El viento aunque suave me increpaba crudamente los sentimientos reflejados en el rostro.

Su diestra está en el pesebre y apenas se mueve pero ya puede contener a mi adversario, y sus balbuceos ininteligibles son más claros que las palabras de mis desesperaciones.

Una legión se ha desbandado despavorida hacia los infiernos cuando me ha visto meditando inmerso en el misterio de su nombre. ¿Santo? Me he atrevido a decir en voz alta.

Y entonces un aliento de vida, como una ráfaga que surge sin ser vista me ha conmocionado y me ha arrastrado fuera de un campo de guerra en el que sólo se cuentan los días sin luz.

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