La calle que habla

la calle que habla

la calle que habla

Las calles de cualquier ciudad, por lo general, enmarcan algún recuerdo; su trayecto dura lo que el recuerdo en ellas. Casi cualquier memoria lánguida, Se fortalece, y como motas de polvo, surge la oportunidad de verlas suspendidas, por el paso de la luz.; real túnel del tiempo.

En ella, la memoria en un acto de buena fe, se deja conducir; los pasos dados se ejercitan, no en un acto físico, sino en la recuperación de esbozos; las facultades mentales dominan, en un hallazgo supremo; las formas, colores y sensaciones.

Aun tus palabras amorosas cuelgan de los faros, y los enladrillados rojos terminan de esculpir unos labios que creía olvidados ¡Me vuelvo a mirar donde principia la calle, y todo lo concebido se vuelve a desintegrar!

Publicado en literatura | Etiquetado , , | 1 Comentario

El último engaño

el ultimo engaño

El último engaño

La gente se limpiaba el sudor de sus frentes en la plaza central, el sol tumbado sobre las losetas quemaba y poco faltaba para que derritiera el calzado de los paseantes. Las aceras que evaporaban la lluvia del día anterior parecían flanquear el lugar público con dos largas cortinas impenetrables.

Pero yo tenía frío, y no soportaba estar de pie. El infortunio ocurrió como tantas veces ya se ha dicho cuando llega la inoportuna sensación de muerte y trastorna todo, hasta la forma en que creemos ponernos a salvo. Apretaba mi cuerpo contra algunas bolsas de basura para contrarrestar la pérdida de equilibrio.

Más lejos, los niños se jaloneaban entretenidos en sus juegos, y allí de entre ellos saltó mi rostro infantil sollozando, ¡qué extraña sensación verme a mismo de nuevo desde el principio hasta el final! Mi cuerpo se convulsionaba y el aire fresco me faltaba, escuché a alguien decirme al oído ¿hay algo que podamos hacer por usted?

Sumido entre los sueños traídos por la última agonía, confundí ese rostro cercano de quien me hablaba con el de mi madre que, en otro tiempo al lado de mi cama, decía “pronto te pondrás bien, duerme por ahora”, ¡que dulce consuelo me pareció esa imperfección de la realidad que piadosamente me ofrecía su más refinado engaño!

Sentí que las fuerzas me abandonaban y que ya no era un amigo más de la existencia, que mis anhelos partían, como aves asustadizas, de mis manos para posarse en las de aquellos que apenas vienen en camino de ser exigidos por este mundo. Todo se fue cerrando y desapareciendo poco a poco, como cuando el aire azota varias veces la misma puerta y la luz trata de meterse por última vez.

Publicado en literatura | Etiquetado , | 2 comentarios